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jueves, 15 de septiembre de 2016

¿El amor nace de la vista?



El falso amor nace de la vista; la atracción que surge de la belleza externa, de lo superfluo. Algunos lo llaman sentimiento cuando quieren decir ¿deseo? Se podría clasificar tres etapas en las que el “amor” se pone en juego: amor inicial (atracción, deseo), amor intermedio (armonía emocional), y amor final (afecto, costumbre). Según los expertos, entre el primero y el último se manifiesta el término fidedigno, aunque, con el ánimo de abreviar, a todas las fases se las denomina con el mismo concepto. Este puente, que para algunos apenas dura unos pocos años, se cruza a ciegas. La sensación de permanecer invidente es maravillosa, la venda invisible cubre los ojos con tal firmeza que puedes caminar en una cuerda floja manteniendo un perfecto equilibrio. Solo cuando el vendaje cae, y regresa la luz natural, comienza la tercera y última etapa. Probablemente para ese momento ya usemos gafas progresivas o nos hayan diagnosticado unas incipientes cataratas, pero sin duda ese amor, sin ser el verdadero, es el más auténtico. Sí, ese que nos aleja la soledad y nos muestra las arrugas como vivencias, no como surcos asimétricos. Es el desenlace, dejamos atrás la física, y la química, para vivir la historia.

En resumen, la atracción nace de la vista y puede convertirse en amor. Este último nos hace perder completamente la visión.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Un juego de niños



—Cariño, ¿ves esta entrada de aquí? Una vez que la atravieses te dará paso a un laberinto en el cual deberás recorrer pasadizos, sorteando los obstáculos que encuentres en tu camino. Mamá te va a proporcionar un vale tesoro y una lista con quince objetos que deberás localizar dentro de ese lugar. Tendrás que evitar caer en la tentación de desear otras cosas que no están anotadas, podrían estar envenenadas. Allí te tropezarás con hadas madrinas; las distinguirás porque todas van vestidas de manera similar. Pero, debes estar atento, algunas no son hadas, son auténticos ogros disfrazados de personas fantásticas. Las hadas te ayudarán a cumplir tu cometido, en cambio los ogros no te facilitarán la labor y te dirán enfurruñados: «Si no está a la vista, se ha agotado». Dichos objetos deberás introducirlos uno a uno en una cesta mágica. Una vez hallados todos —no desesperes si no das con alguno, puedes sustituirlo por uno parecido—, habrás completado tu misión principal. Inmediatamente después tendrás que dirigirte, raudo y veloz, a la salida más próxima. Tu siguiente reto será huir de la fortaleza. Habrá más personas que intentarán escabullirse antes que tú, tendrás que estar atento a las brujas y a los hechiceros, normalmente consiguen situarse estratégicamente para terminar los primeros. Te colocarás en fila india, sin hacer trampa, hasta que reclamen tu atención. Fíjate bien, en ocasiones hay más de una escapatoria. Antes de marcharte mostrarás las provisiones que has coleccionado al guardián, que estará al lado de donde te esperará mamá. El guardián te pedirá una tarjeta descuento que te servirá para entregarle tu tesoro y que te devuelva una porción significativa de él. Dile que mamá ha olvidado la tarjeta en casa y que necesitas dos sacos para llevar los bártulos hasta el castillo donde nos aguarda el rey vago.
Treinta y siete minutos más tarde.
—Mamá, ¿cómo decías que se llamaba este juego?
—Comprar en el supermercado, Manolito.
—Pues no me gusta nada, ¡nada de nada! ¡Jo, ayer me dijiste que hoy cazaríamos Pokémon!
—No te preocupes, cariño. La próxima vez le toca a papá que dice que esto es un juego de niños. 

lunes, 6 de junio de 2016

Posesión animal



    De regreso a mi hogar podía avistar las ruinas de mi vida. Aquella bestia me había dominado, al extremo de sucumbir a su poder lascivo. No supe, o no quise, resistirme a hincar sus recién prestadas garras en lo prohibido. He de admitir que ella, nuestra presa, era una de las más bellas criaturas de la naturaleza. Aun así, debí arrancar mis propias entrañas para matar el apetito. Debí. Ahora el monstruo que se alimenta de mí estaba apaciguado; lo había encarcelado en la mazmorra de aquel hotel. No lo había vencido, no; simplemente le había dado lo que clamaba con la furia de un guerrero. Todavía moraba en mí su sed de alevosía. Mi yo racional, con el corazón rasgado, asumía cumplir condena por lo acometido. Estaba dispuesto a rendir cuentas a mis diosas. Entregarme a ellas como ofrenda a su propio capricho. Pero al cruzar el umbral de la puerta, la fiera despertó mis bajos instintos. No podía soportar que las pecas de mi hija dejasen de guiar mi destino. Me coloqué mi coraza de cobardía e hice un pacto con mi yo irracional. «Solo sería esa vez», le aventuré. Tarde o temprano ambos, hombre y animal, aniquilaríamos el recuerdo de haber acariciado otra piel. El silencio sería nuestro aliado; la mudez, mi penitencia. No podía confesar a mi esposa que le había sido infiel. «Solo una vez». No obstante, la bestia se agita insistentemente en mi entrepierna. Ya van tres. Solo tres.

sábado, 14 de mayo de 2016

El náufrago



—¡Mira, Wilson, las condiciones climáticas son inmejorables y la balsa ha quedado perfecta!
—¡Estoy hasta las pelotas de tu optimismo, Tom! —dijo el balón en tono enfadado, y añadió tras una pausa—: Podía estar ahora mismo jugando en la NBA. Tenía que haber viajado con SEUR, es la última vez que me pillo un vuelo de bajo coste —susurró consternado.
—No entiendo porque te rebotas tanto. Solo tenemos que esperar a que vengan a rescatarnos.
—Pero… ¡tontolaba!, ¿no has visto la peli? Yo me quedo fuera de juego. Creo que desde Forrest Gump estás tocado y, si no espabilas pronto, hundido.
—No te comas el coco. Más que nada, ¡porque solo queda uno! Esta vez no voy a permitir que termines flotando sin dirección. Eres mi mejor amigo —afirmó Tom Hanks.
—¡Eres un pelota!¡Me tienes harto! Todo el día lloriqueando por la rubia esa, cuando todos sabemos que te la está pegando con otro… Hala, ¡ya me he desinflado!
—¡No digas eso Wilson! —exclamó Tom a media voz entretanto hacía pucheros observando la desgastada foto de su prometida.
­—¡Tremendo blandengue! Por cierto, ¿sabías que estás en pelota picada? ¡Ponte un taparrabos! ¡Y aféitate, troglodita! —gritó el balón mientras daba un giro de 180 grados.
—Wilson, colega, ¿¡dónde vas!? ¡Espera! ¡Te vas a mojar, está chispeando!
—Tío, no te soporto más. Eres patético. ¡Adiós! —alegó el balón al mismo tiempo que se lanzaba de un bote al agua.
—Nunca me rendiré, Wilson. Te lo prometo —dijo Tom cuando intentaba hundir la pelota.
—¡Nenaza, eso es del Titanic!¡Qué te folle un pez espada!

domingo, 7 de febrero de 2016

¡Miau!





    Cuando eres un gato callejero que alguien ha querido adoptar, debe tener presente que eres difícil de domesticar. No debe dejarse llevar por tu parte tierna, porque han sido infinitas las situaciones en las que has sobrevivido gracias a tu instinto felino y a pasear por los tejados sorteando los peligros en las noches de luna llena, flirteando con malas compañías, buscando una presa que te sirviera de cena sorpresa. Será un reto ganarse tu confianza y que le regales un maullido sin quedarte dormido. Y aun así siempre estarás alerta con tus oídos ultrasónicos, por si se cruza un gato negro más apuesto e irónico. Las calles te han enseñado a que el que hoy te da comida mañana te la puede quitar y que de cazar ratones no te debes olvidar; que una vez sobreviviste sin nada y que en caso necesario volverás a las andadas. Pero si le ronroneas y le aguantas la mirada... ya te tiene ganado en cuerpo y alma. Además, si un gato te da un lamido, es que te está haciendo un cumplido.

    Mi parte gatuna te sugiere que: no me toques los bigotes o te sacaré las uñas; te ayudaré en tus días más negros, yo puedo ver en la oscuridad; si alguna vez me pierdo, por mi nariz me reconocerás; si me bañas, la curiosidad te matará; valoro mi tiempo, no me hagas perder siete vidas más; la casa ahora es mi territorio, y tú mi inquilino lo he marcado, acuéstate boca arriba y seremos aliados; no me busques los tres pies o encontrarás cuatro, no hay gato encerrado, o serás tú el que acabará escaldado; mi corazón palpita más despacio, en cuanto te descuides y no me cuides te mordisquearé tus zapatos; recuerda que soy alérgica al chocolate, o acabarán llamándote matagatos; no me metas prisa cuando me esté acicalando, y no me vengas con eso de que por la noche todos los gatos son pardos; si me pillas en celo y me froto contra ti, no te asustes, tal vez quiera recordar cómo se hacen los gatitos, y esperaré como buena minina que me muestres tu cariño agitando tu rabito; arañaré tus rincones o los colorearé, no me castigues que no te entenderé, solo recompénsame despacio. Y no olvides que los gatos también hemos viajado al espacio.

"Mi nuevo bichito. Una feliz relación de amor y bocados" 

martes, 12 de enero de 2016

Apestas a mentira


Entre tú y yo: ¡apestas a mentira!
De esas que huelen a verdades a medias,
a orgasmos fingidos entre vómitos de amor,
a "te quieros" sin ninguna condición, ¡ja!

Aún tengo rastros de aquel whisky barato
en recovecos de mi cuerpo a medio cocer,
con sexo pagado sin dinero
solo con las puñaladas del deseo,
con una palmadita en el trasero
y un: “Nena, ¡ya nos volveremos a ver!”.

En un mundo podrido de estercoleros
es ilógico que mi olor preferido sea el de tu cuerpo.
Pero así es.

Por eso te regalo mi disfraz perfumado;
ya no necesito vestir mi cuerpo
con salivas de otros miedos
ni con migajas de un delirio pasajero
para llenar mi depósito de porqués.

Devuélveme una pasión diestra,
una caricia verdadera,
que confirme de una vez por todas
la chamusquina que exhala tu piel.

Mientras seguiré odiándote a tientas,
deseándote a ciegas,
infectándome con tus pecas,
completando tu puzle de tretas…
¡Deja de manosearme las tetas, joder!

Se acabaron los coitus interrutus...
En la trinchera de mis piernas
solo penetran aliados
que con el arte del disparate
sepan engañarme con latex.

¿Me estás escuchando?
No, no es producto de la ira.
Sinceramente, cariño, apestas a mentira.
Pero eso, qué quede entre tú y yo.

martes, 22 de diciembre de 2015

El pacifista








—Departamento de Atención al Cliente del Polo Norte. Le atiende Josefa la elfa, ¿en qué puedo ayudarle?

—Hola. Me llamo Federico y estoy enfadadísimo.

—Hola Federico, ¿no le ha enviado Santa el regalo que ha pedido? Un momento. Voy a comprobar sus datos. Permanezca en espera. (Jingle Bells…) Le paso con Quejas y Reclamaciones.

—Le atiende Alfredo el reno. Disculpe, teníamos anotado que ha solicitado La Paz Mundial. Hemos subsanado el error a tiempo. Le ha sido enviado el juego Star Wars: Battlefront compatible con Xbox One, Playstation 4, Nintendo Wii…

—Pero yo quería…

—Departamento de Imposibles. Le atiende…




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